rmas de la superficie de la foto, y entonces en vez de ver a ese penitente de la portada cargando con sus collares y su musculoso torso desnudo, me puse a ver a los góticos de la Factory, a las diecinueve víctimas de hace casi exactamente un año, y de ahí caprichosamente la memoria, y las fotos del Coco, me llevaron tres años más atrás, más adelante se diría en quichua, o sea suman cuatro años en el pasado, casi exactamente hoy, y veo un fotógrafo chileno muerto por asfixia en la primavera de los forajidos. Y ya estoy lejísimos de la semana santa y de la procesión de Jesús del Gran Poder: ya estoy en Solentiname y en un texto de Cortázar, en una sala en que se proyectan diapositivas y ese otro Julio, tocayo del fotógrafo chileno, ve lo que no muestran las fotos… viernes 24 de abril de 2009
EL TIEMPO NO PARA
rmas de la superficie de la foto, y entonces en vez de ver a ese penitente de la portada cargando con sus collares y su musculoso torso desnudo, me puse a ver a los góticos de la Factory, a las diecinueve víctimas de hace casi exactamente un año, y de ahí caprichosamente la memoria, y las fotos del Coco, me llevaron tres años más atrás, más adelante se diría en quichua, o sea suman cuatro años en el pasado, casi exactamente hoy, y veo un fotógrafo chileno muerto por asfixia en la primavera de los forajidos. Y ya estoy lejísimos de la semana santa y de la procesión de Jesús del Gran Poder: ya estoy en Solentiname y en un texto de Cortázar, en una sala en que se proyectan diapositivas y ese otro Julio, tocayo del fotógrafo chileno, ve lo que no muestran las fotos… viernes 17 de abril de 2009
martes 14 de abril de 2009
LANZAMIENTO DE OTRO CIELO NO ESPERES
En El Pobre Diablo
Otro cielo no esperes
Presentación de libro de fotos de Francois “Coco” Laso
Comentarios: X. Andrade y Juan Martin Cueva
Quito, martes 21 de abril de 2009 a las 19h30
Los rituales religiosos son un gran pretexto para fotografiar y fotografiar es, a veces, un gran pretexto para percibir visualmente aquello que uno no entiende. Estas imágenes son la búsqueda de las apariencias visibles del sentimiento de lo religioso, si acaso aquello puede ser fotografiado. Son la manera de acercarme a un tiempo y a una religiosidad que no poseo: la fotografía me permite explicarme el lugar en el que vivo.
Inicié el trabajo en 1999 y fue un ejercicio que fue adquiriendo densidad, volumen y forma mientras fueron pasando los años. Así el libro surgió como una necesidad. Me pregunto aún hoy si fui al encuentro de un mundo hecho de seres y objetos o si más bien me contenté con un mundo hecho de imágenes. La fotografía no es una reproducción inocente de lo real sino una elaboración subjetiva, una tenue huella de las apariencias de lo real. ¿Quiénes somos, visualmente, durante los rituales de semana santa?.
Dejé de fotografiar cuando sentí que me repetía, que había agotado en mí las posibilidades de mirar los rituales religiosos de Semana Santa: en definitiva, cuando ir se convirtió en una penitencia.
Francois coco Laso
martes 3 de febrero de 2009
LA AUSENCIA DE DIOS por Yves de Peretti

Impresión extraña… tengo la sensación de que esta gente hace un esfuerzo descomunal para llenar ese vacío. ¡Es tan difícil vivir sin la esperanza de que algo va a cambiar en la trágica condición humana!. Esto hace que las fotos sean espasmos inquietantes: enfrentados a ese vacío religioso, sentimos un cierto pavor. Es absolutamente perturbador…
miércoles 21 de enero de 2009
FOTOS DE OTRO CIELO NO ESPERES
jueves 8 de enero de 2009
ALUSIÓN por María Amelia Viteri

"De las fotos que puedo mirar electrónicamente la portada es una de las que capta mi atención y me refiere a la alusión actual al espectáculo hollywoodense perverso de la 'tortura' teatralizada principalmente a partir de Abu Ghraib en una complicidad con prensa y medios. La alusión en la mente de muchos y muchas por acá (Washington D.C.) iría además de la mano de una construcción torcida, racista, etnocentrista del 'terrorista'. (Nótese que una vez se precisa denunciar dichos discursos como lo ha hecho el pintor Colombiano Botero a través de su serie titulada Abu Ghraib, recibe negativas de los más grandes museos de arte en los EEUU como el MOMA para citar uno). Siendo que las imágenes viajan ahora velozmente y las asociaciones son múltiples, que tendrían pues en común un encapuchado en pleno flagelo en la Semana Santa Ecuatoriana y un encapuchado sea este torturado y/o verdugo? Las tramas del cuerpo son, en realidad, infinitas y mas bien perversas. Las posicionalidades de unos y otros variables y sujetas a mil y una interpretaciones... la maravilla de la fotografía y su fotógrafo muestra espléndidamente la imposibilidad de trazar ni delinear significados ni significantes concretos... "
martes 9 de diciembre de 2008
PENITENCIA por X. Andrade
Laso inaugura una mirada problemática al preguntarse: “¿Quiénes somos, visualmente, durante los rituales de semana santa?”. Su respuesta no proviene de la mirada etnográfica, con su interés participativo y empático. Tampoco de la periodística con sus pretensiones realistas. Esta colección de fotografías pone sobre el tapete el conflicto intrínseco a la representación visual de una práctica íntima que es periódicamente espectacularizada con la finalidad de confirmar a la religiosidad como un fantasma que pulula por la esfera pública en los recovecos de cierta ciudad franciscana. Un poder fantasmagórico que, con dedos acusatorios y ataviados de divinidad, apunta a confirmar la ilusión de un cielo diferente, y de nada tenues y, sí, omnipresentes infiernos.
Fue precisamente el develamiento de las costuras de la institución-Iglesia lo que me hizo alejar, en mi pasado de adolescente, de los dispositivos de la operación religiosa. Y ese ejercicio de disección desde una cercana distancia se puede leer en las distintas capas que constituyen las imágenes de este itinerario. Cansancio, convicción y duda conforman este vía crucis como el del motivo bíblico que es actualizado por los devotos ritualmente. Camino lleno de vicisitudes en el que los diezmos pasan de mano en mano hasta llegar a sus distantes destinatarios al tiempo que las monedas reflejan el sacrificio, la tristeza, el llanto, y la pena que demandan este tipo de fé. Sendero de inmóviles filas que recuerdan la desesperanza del ciudadano común frente a la burocracia. Intersecciones con cucuruchos disfrazados disfrazando tantas otras esperas… milagros de la Iglesia, magias del Estado.Estas son fotografías que diseccionan el cielo y el infierno que constituyen a la religiosidad en el día a día de lo mundano en una ciudad andina y anodina. Hay algo de sombrío en la materialidad de estas fotos que es acentuado por el lenguaje del blanco y negro, y por las distintas tomas seleccionadas que, a veces, sugieren un cónclave de oscuros propósitos e iluminación escasa. Uno intuye la incompatibilidad del autor frente a una búsqueda feligresa por una espiritualidad que se siente de antemano culpable. Dicho distanciamiento constituye una representación que, no por ello, deja de fundarse en el respeto, éste último ahora enarbolado como un sentido de doble vía: hacia los sujetos, en el mejor estilo de la antropología, y, paralelamente, hacia la posición subjetiva del propio hacedor de las imágenes, en el mejor estilo del documental contemporáneo. Ese tráfico entre dos campamentos lleva a este tipo de fotografía hacia los múltiples sentidos de exceso que constituyen a la representación visual.
En este libro tal exceso atañe a otros varios contextos que construyen el campo de la religión. Hay
muchas preguntas en la mente de una mujer que observa el pasar de millares, hay un lenguaje neoapocalíptico en la prensa que se vende en el kiosco de la esquina, hay notas escritas en las paredes de un templo poniendo en juego el nombre de dios para propósitos tan profanos como la recuperación de una amante, hay cruces sobre el hombro y cruces espinadas, y uno podría imaginarse también cruces sobre el agua, reediciones contemporáneas de los baños de sangre de una clase obrera con rostros de cristos mestizos e indígenas flagelados por siglos. Estas imágenes --memorias no lineales ni cronológicas en las que se encontrarán retratados eventualmente algunos de ellos—llegaron a constituirse en una forma de penitencia para Cocó Laso, una búsqueda silenciosa y sistemática como la espiritualidad de los propios sujetos aquí retratados. Sacadas de su contexto ritual, en su vida de libro, ellas devienen en una crítica más amplia y nos hablan tanto de la religión como intimidad cuanto del territorio de fuerzas que ésta comparte con la economía, la ciudad, y el Estado.Al hacerme llegar estas fotografías por correo, su hacedor añadió una nota breve: “Estas son las fotos del libro… Te escribo. Un abrazo”. A la que quiero replicar ahora, habiendo ya pecado de poco escueto: “Estas son las fotos del libro… Te escribo. Un abrazo”.
Manglaralto, noviembre de 2007.

